ChicamochaNews.net - Multilenguaje

jueves, 16 de mayo de 2013

LA REFORMA A LA SALUD

Por Darío Elvis Camacho Noriega, Médico

Está en auge la controversia de la reforma a la salud, en los últimos días el artículo de Juan Gossaín en EL TIEMPO, analiza y critica  el contenido de los dos proyectos: uno de ley estatutaria y otro de ley ordinaria radicados en el Congreso de la República, lo cual llevó a la respectiva respuesta justificadora del despistado Ingeniero Ministro de Salud Dr. Gaviria, a lo cual también se pronunció  lo que se denomina la Sociedad Científica. La insatisfacción de la gente frente al sistema de salud alcanza el 80%, según encuesta Gallup del pasado mes de Abril, dato informado también por el diario capitalino; este informe concluye que a los colombianos les afana más el problema de salud y sus perspectivas de solución, que el problema de guerrilla, narcotráfico, inseguridad y desempleo.

El buen escenario y momento histórico que creó la constitución garantista de 1.991, en la que se consagró el derecho a la salud individual y colectiva de los colombianos, es muy diferente al que creó la ley 100 y sus reformas; el primero la Constituyente y el  segundo el Congreso, éste con muy  mínima credibilidad, pero desafortunadamente el que puede reformar el  actual sistema de salud, bien sea para mejorar o empeorar la situación.

Al inicio del  gobierno de la prosperidad para todos, entró en vigencia la última reforma al sistema de salud con la ley 1438, la cual, según el presidente, sería la solución para la inconformidad de todos los colombianos, reforma que no se reglamentó en su totalidad y los efectos no fueron los esperados.  Los expertos dicen que  fracasó, porque le dio continuidad al modelo mercantilista de la salud, que pone en primer lugar el lucro económico y después la salud y la vida. Todos los días los medios masivos de comunicación nos hablan del paseo de la muerte y de las innumerables tutelas, como expresión diciente del fracaso del sistema.

La dificultad para hacer realidad el derecho a la prestación de servicios de salud de los colombianos en condiciones de accesibilidad, oportunidad, eficiencia y calidad, radica en el apetito voraz de los que tienen que ver con el manejo de los recursos para la salud, los cuales, mal contados, superan los $44 billones de pesos por año, estos incluyen lo que el Estado dedica para la salud individual de los 24 millones de colombianos del régimen subsidiado, los recursos de salud pública colectiva, lo que pagamos el resto de colombianos, patronos y trabajadores que estamos en el régimen contributivo o regímenes especiales, y lo que gastan los colombianos de su propio bolsillo cuando su EPS  o su seguro no les atiende oportuna y efectivamente. 

El apetito voraz está en los politiqueros y corruptos inescrupulosos, que los hay, desde el nivel nacional,  departamental y  hasta municipal; los  primeros legislando y decretando más bajo la influencia perversa del poder político económico que del bienestar general de los colombianos, guiados por indicadores que no siempre reflejan la realidad por la que tienen que pasar los usuarios del sistema de salud; los demás, utilizando los recursos de la salud para pagar favores políticos con burocracia, contratación y enriquecimiento personal, a fin de perpetuarse en el poder. 

Los escándalos de corrupción en la mayoría de EPS, la maquiavélica relación entre dueños o directivos de EPS y algunos parlamentarios, los criticados negocios entre EPS y parte de la industria farmacéutica, la desorientada formación de los futuros servidores de la salud, la explotación y las confusas formas de contratación de los actuales servidores de la salud, junto con el pésimo ejercicio de algunos gerentes de hospitales que presuntamente ganaron sus cargos de forma no clara, lo que los convierte en mandaderos de los politiqueros, son otras expresiones de los parásitos que tienen infestado nuestro defectuoso sistema de salud.

El Congreso tiene la posibilidad de reivindicarse con el pueblo, de borrar lo de la "reforma prostitucional", que fue en lo que se convirtió la anhelada reforma a la justicia, archivada finalmente, gracias al inconformismo nacional; de borrar el fracasado intento de reforma a la educación; de borrar la elección del magistrado cuestionado; en fin, tiene la posibilidad de hacerse querer u odiar más.

Los que creemos en las utopías, soñamos con un sistema de salud justo para ricos y pobres, sin intermediación de EPS disfrazadas de gestoras de Salud; dueñas, directa o indirectamente, de clínicas; un sistema que garantice la atención integral e integrada; un sistema orientado más por lo científico que por lo económico, con ninguna influencia perversa de politiqueros y sus "cargaladrillos"; un sistema orientado de verdad a modificar positivamente los indicadores elementales de salud, como mortalidad materna, mortalidad infantil, etc.; un sistema que premie los resultados en educación, promoción de la salud y prevención de la enfermedad; un sistema que sea oportuno y efectivo en la atención de la enfermedad; un sistema que facilite la participación ciudadana y el  control social, donde las asociaciones de usuarios de los hospitales sean tan importantes como su Junta Directiva. En fin, un sistema donde el dinero no sea el fin, sino el medio para el cuidado digno de  la salud y de la vida.

No hay comentarios: