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miércoles, 10 de septiembre de 2014

MÁS DESACIERTOS MINISTERIALES

Por MD Darío Elvis Camacho Noriega

Las decisiones basadas en análisis sin tener claro el orden de prioridades, principios y valores, usualmente se convierten en errores irreparables, esto en materia de salud significa vivir o morir. Aunque los recursos de nuestro país no son infinitos para la atención digna e integral de la salud de los colombianos por lo menos es el país que más recursos dedica por persona año comparados con los demás de la región lo que debe llevar a que el máximo organismo de dirección como es el Ministerio de Salud tome decisiones colocando siempre como prioridad la vida y luego la plata.

En controversia pública reciente entre la Defensoría del Pueblo y el Ministerio de salud  por el número de tutelas que llegaron en el 2.013 a 115.147 lo que equivale a una tutela cada cuatro minutos, cifra semejante a la del 2.008 que requirió la intervención efectiva  de la Corte Constitucional con la sentencia T-760, el ministro economista dijo que eso se debía en muchos casos a que la gente se saltaba la cola, que en vez de esperar 4 ó 5 meses para una cita quería que mediante vía judicial le saliera en una semana y agrego que no era una conclusión rara, sino un análisis obvio.

Para completar el pobre análisis, el Ministro también dijo que de un millón de eventos diarios en salud solo el 0.1% requerían tutela, ignorando que ese 0.1% son pacientes que si no reciben atención oportuna mueren o quedan con secuelas más el sufrimiento para la familia. El Defensor del Pueblo acertadamente le dijo que los jueces no fallan en favor del paciente si quien interpone la tutela no tiene otro mecanismo para acceder a su derecho a la salud. Los muchos profesionales de la salud con formación en administración de servicios de salud saben que la inconformidad de los usuarios del sistema manifestada con semejante cantidad de tutelas es la expresión del fracasado y quebrado sistema de salud colombiano y que la salida no es desvirtuar los datos de la Defensoría del Pueblo con análisis cínicos e irónicos sino ver cuáles son las fallas estructurales del sistema para  intervenirlas de manera efectiva, así se tenga que pisar callos de los que se lucran  indebidamente  de los recursos de la salud.

Otro desacierto del despistado ministro es que por influencia de las EPS aceptó la no obligatoriedad del desfibrilador en las ambulancias medicalizadas por su costo, equipo médico indispensable para la reanimación de pacientes en caso de paro cardiaco;  análisis y decisión irónica porque es de conocimiento general que la plata de algunas de las EPS ha servido para financiar campañas políticas, equipos de fútbol, enriquecimiento ilícito, cuotas para guerrilla y paramilitarismo, compra de mansiones, carros lujosos, paseos al exterior, etc., etc.

Al ministro se le olvida que la autorización para un medicamento o un procedimiento en ocasiones, es expedida por las EPS cuando el paciente ya falleció o que por falta de desfibrilador algunos pacientes fallecen en las ambulancias a pesar de los esfuerzos de los servidores de la salud.

La pregunta para los lectores de los pueblos de la Región del Chicamocha es, por qué un hospital como la ESE HOSPITAL REGIONAL DE GARCIA ROVIRA en buen uso de su  autonomía administrativa y financiera con recursos propios, es decir, producidos por sus trabajadores, sin mendigarle a los politiqueros, fue capaz de comprar hace cinco años la primera ambulancia medicalizada que además fue la primera de este tipo que ingresó a los hospitales públicos del departamento, aun por arriba del Hospital universitario, por supuesto, con su respectivo desfibrilador de la mejor marca, ¿por qué ahora el ministerio acepta, bajo influencia de las EPS, que algunas ambulancia no tengan desfibrilador?    Tiene razón el senador Robledo, esto implica que queda prohibido infartarse por fuera de los hospitales.

Para completar la racha de desaciertos, está el comentario que hizo el ministro a través de los medios nacionales frente al problema de salud de las jóvenes del Carmen de Bolívar, al manifestar que se trata de un posible caso mental colectivo sin esperar los resultados del rigor científico, entre otros, de toxicólogos y salubristas. Los maestros de la medicina nos enseñan que hay que oír mucho a la gente y hablar solo lo útil y necesario, sin olvidar que la medicina se hace basada en la evidencia.

Los desaciertos del ministro despistado con su pobre análisis frente a la desbordante cantidad de tutelas, el hecho de aceptar la no obligatoriedad del desfibrilador para las ambulancias y la ligereza en el análisis de los casos de las jóvenes del Carmen de Bolívar,  obedece a que en el orden de prioridades está primero la  plata y luego la vida, propio del neoliberalismos salvaje defendido por el presidente, quien deja que predominen las leyes del mercado con débiles intervenciones del Estado.   

 ¡Sálvese quien pueda, están de moda las "harvayadas" según los de dedo parado o las burradas según los de a pie!

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