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jueves, 13 de agosto de 2015

“PRIMER AÑO DEL SEGUNDO PERIODO SANTOS: INCERTIDUMBRE Y FRUSTRACION”.

Por Darío Elvis Camacho Noriega, Médico
La baja popularidad del rico Presidente no es gratis, no solo por la frustración nacional en que se convirtió el proceso de paz, sino por las expectativas en salud, seguridad y educación que afectan el día de los colombianos.
Muchos de los ingenuos que lo reeligieron lo hicieron con la expectativa del tremendo cambio que traería en materia de salud la anunciada ley que convirtió a la salud en derecho de primer orden, transcurrido un año no hay día ni noticiero del nivel nacional que no informe sobre todo lo que tienen que sufrir los afiliados al sistema, tanto en el régimen contributivo, como el subsidiado o los regímenes especiales como el del Magisterio, para acceder a los servicios de salud. No en vano, el reclamo de los maestros en el pasado paro, incluía su marcada insatisfacción por los servicios de salud que, en teoría, son mejores y cuentan con más recursos por cada afiliado que el de los regímenes tradicionales.  
El rico Presidente dijo que no habría paseo de la muerte, que la atención de urgencias se garantizaría en todo el país y que se terminaría con las largas esperas para consultas y procedimientos; hoy la situación es más grave que antes de entrar en vigencia el nuevo saludo a la bandera, como lo es hasta ahora la ley estatutaria de salud, llena de buenas intenciones, pero que no ha tenido ningún impacto social por falta de reglamentación, que debe estar orientada en acabar con el mayor defecto que tiene el sistema de salud colombiano, que es el predominio del lucro económico, en especial de las EPS, sobre el bienestar del afiliado y su familia.
Hoy, la mayoría de EPS tienen influencia politiquera, la pública CAPRECOM y la mayoría de hospitales públicos, pequeños y grandes, se siguen entregando a casas políticas, o mejor, a politiqueros, en pago de favores electorales,  anulando la autonomía que ordena la ley para que sean eficientes, eficaces y autosuficientes. Hoy hay más hospitales ilíquidos, sus Gerentes  y quienes los nombran, Alcaldes o Gobernadores, le echan la culpa de sus problemas económicos al tercero más cercano como son las EPS, sin reconocer que hay desgreño administrativo, que los funcionarios no entran por méritos sino por palanca y los contratos se adjudican en su mayoría a financiadores de campañas.  
En seguridad, la percepción de la comunidad es negativa, tanto en las ciudades capitales como en las de provincia y en los campos. El microtráfico y la impunidad son las dos locomotoras de la inseguridad, en el mediano plazo  no se ven medidas que cambien esta realidad, con el agravante de la incertidumbre que genera el cuestionado proceso de paz.
La credibilidad en las instituciones del Estado nunca antes había sido tan baja; el caso Pretelt es tal vez la mayor vergüenza del sector de la justicia. El Congreso se quedó corto en las reformas anunciadas, solo impidió la reelección inmediata del Presidente, pero dejó la puerta abierta para que se reelija o siga gobernando en cuerpo ajeno, como es el caso del Vicepresidente que está en plena campaña presidencial con recursos del Estado, y solo debe retirarse un año antes de las próximas elecciones presidenciales.
En educación, el incumplimiento de promesas electorales presidenciales lo corroboró el paro de maestros, por ahora es solo una promesa aplazada hasta finales del actual cuatrienio lo de la jornada única, que en el mejor de los casos, solo beneficiará a la tercera parte de los estudiantes de los colegios públicos, mientras los estudiantes privilegiados de la educación privada son más competitivos y se quedan con la mayoría de cupos universitarios.
Ojalá, al hábil jugador de póker le funcionen las estrategias para que la incertidumbre y la frustración se conviertan en esperanza, para bien de los colombianos, y al final de su gobierno podamos dar fe de que cumplió.

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